¿Y dónde está el milagro?

Domingo 17 B

Todos conocemos este Evangelio como “el milagro de la multiplicación de los panes”.

Para multiplicar el pan no se requieren demasiados milagros.
El actual desarrollo económico ha multiplicado el pan.
Hoy hay pan suficiente para todo el mundo.
Y sin embargo, hoy hay demasiados estómagos vacíos.

Demasiados niños que se mueren de hambre.

Demasiados hombres y mujeres padecen hambre.

Demasiados padres de familia que no pueden poner pan en su mesa.

Según informes de la FAO y OMS “unos 740 millones de habitantes de países en desarrollo, el 20% de su población, no tienen todavía acceso a alimentos suficientes para satisfacer las necesidades básicas diarias a fin de lograr el bienestar nutricional”.

 

¿Usted ha sufrido alguna vez las consecuencias del hambre?

Yo sí lo he experimentado.

Cuando niño muchas veces en mi casa no había pan.

En mi casa nunca había pan duro para remojar y ablandarlo.

Porque sencillamente no había pan.

En mi vida no recuerdo haber robado nada.

Pero, más de una vez, sí robé pan al vecino.

 

¿Y usted ha robado pan alguna vez?

Robar pan cuando uno tiene hambre no es pecado.

Pero podemos robar el pan del hermano de muchas maneras.

                Negándole un pedazo del nuestro.

                Negándole un trabajo para que tenga pan.

                Negándole un salario insuficiente para sus necesidades.

 

Jesús se encuentra ante una muchedumbre que le sigue, hambrienta de su palabra.

Pero El se da cuenta de que también tienen hambre no solo en el alma sino en el estómago.

Y el Evangelio no solo se preocupa del alma del hombre.

El Evangelio quiere ser respuesta al hombre integral. Cuerpo y alma.

 

Y aprovecha el momento para enseñar a sus discípulos ¿qué hacer para que haya pan?

¿Mandarles a que lo compren?

                ¿Y cómo ha de comprar pan quien no tiene con qué?

                ¿Y cómo pensar que el único camino tiene que ser siempre el “dinero”?

                “Doscientos denarios no son suficientes para repartir un pedazo”.

¿Será ésta la única solución: vender y comprar?

 

“Hay aquí un muchacho que tiene cinco panes de cebada y dos peces”.

Parece poca cosa. Parece un imposible.

¡Y ahí viene el verdadero milagro! Traédmelos.

Poner lo poco que tenemos al servicio de todos. Ese es el milagro.

Compartir lo que se tiene. Ese es el milagro.

Dar de lo poco que se tiene. Ese es el milagro.

 

El verdadero milagro no está en sacar, como ilusionista, panes de la manga o del sombrero.

El milagro es “el amor que comparte”.

El egoísmo hace el “milagro de que lo mucho y abundante” no llegue sino a unos pocos.

El amor y la generosidad hacen el “milagro de que lo poco” llegue a muchos.

Nuestro mundo moderno no necesita pedirle a Dios que multiplique el pan para que todos coman.

El mundo moderno tiene pan más que suficiente para que coman todos.

El mundo moderno necesita del milagro:

de cambiar nuestros egoísmos e intereses en el amor que comparte con todos,

de cambiar nuestros corazones,

de darnos la capacidad de compartir,

de reconocer que la dignidad humana debe estar por encima de las ganancias.

 

Multiplicar panes no es ningún milagro.

Esos milagros los estamos haciendo nosotros cada día.

El auténtico milagro es poner nuestros “cinco panes de cebada” y nuestros “dos peces para que otros coman”.

 

Pero para este milagro se requiere otra cosa: “reconocer que Dios ha puesto los bienes del mundo para satisfacer a todos”.

Por eso Jesús: “tomó los panes, dijo la acción de gracias, y los repartió a los que estaban sentados”.

Bendecir el pan es reconocerlo como un don de Dios.

Bendecir el pan es reconocer que Dios nos lo da para que todos coman.

Bendecir el pan es reconocer que lo que nos sobra les pertenece a los que tienen hambre.

 

¿No te suena todo esto a Eucaristía? “Y tomando el pan lo bendijo y dijo: Esto es mi Cuerpo que será entregado por todos vosotros”. ¿Y no te suena toda esa narración a una “misa celebrada al aire libre”? Jesús no solo nos da pan. Sino que él mismo se hace pan cada día en la comunión.

Oración

Señor: Tenemos demasiados panes.

Y tenemos demasiados hombres y mujeres que no tienen pan.

Tú nos ha dicho que otras maneras de que la gente coma.

Que no todo se ha de solucionar con dinero, con vender y comprar.

Nos has dicho que Tú vienes a implantar la verdadera respuesta a nuestra hambre.

Nos has dicho que quieres hacer el milagro de cambiar nuestros corazones

para que  aprendamos a “dar y compartir lo nuestro”.

Nos han dicho que lo “poco dado con amor” puede llegar a todos.

(Clemente Sobrado C.P.)

 

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